LA IMPORTANCIA DEL BRANDING
Si el branding está mal, todo lo demás está mal. Branding es lo que queda de ti en la habitación cuando sales por la puerta. No tiene mucho que ver con el logo de la tarjeta ni con el color de las paredes. Eso son piezas. Piezas necesarias, pero piezas al fin y al cabo. El asunto empieza en otro sitio: en cómo sonríes a un extraño, en cómo das la mano, en que el café llegue caliente porque diste tu palabra de que llegaría caliente. En si dices que vas a hacer algo y vas y lo haces. Una marca es —o debería ser— una forma de no engañar. A tu pareja, a tus socios, a tus clientes. A cualquiera que haya tenido la suerte —o la desgracia— de conocerte. Mentir es ahora un mal negocio. Puedes prometer excelencia o fiabilidad. Puedes decir que vendes una «experiencia», esa palabra gastada que ha servido para vender un menú desastroso, una silla coja o un hotel sin agua corriente. Pero luego el cliente se sienta y prueba el café. Mira alrededor. Quizá no diga nada. Quizá pague y se vay...